martes, 3 de marzo de 2009

La artesana que aprendió a exportar

Las manos expertas de Martha Sosa Villegas trenzan la paja como lo hacían su madre y su abuela, pero alguna vez estuvieron a punto de dejar de hacerlo por culpa de un músico ‘pegalón’ con el que se casó y el que le prohibía tejer.
18 años después de aquella mala experiencia, Martha es hoy conocida como la mejor artesana de Piura al tejer finísimos sombreros chalanes, carteras, cojines, floreros, rosas y todo aquello que su creatividad le permita hacer.
Nuestra mejor carta de presentación al mundo, es fundadora de la Asociación de Artesanas del Caserío de Pedregal Grande y desde el año 2006 ha aprendido exportar al mercado de EEUU y así da trabajo a unas 300 mujeres de su tierra, Catacaos.
En virtud a ello, Martha Sosa, quedó seleccionada en el concurso Condecoración Orden al Mérito de la Mujer 2009, en el rubro al mérito a actividad destacada en el campo empresarial, que organiza el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MINDES). Los resultados se conocerán este 26 de febrero.

¿A que edad empezó a tejer?
Mi mamá me cuenta que cuando yo tenía 8 años, ella se sentaba a tejer y yo me ponía a mirar. Yo cogía los sobrantes de la paja y empezaba a tejer. Hacía abanicos, armaba bolsones chiquitos en donde echábamos las agujas o los hijos. Cuando ya tenía 9 o 10 años ya empecé a dominar el punto. Entonces ella al verme avanzar, me trajo material e hice un sombrero pero me quedó “chuequito”, mal hecho.

Entonces nadie le enseñó
Yo sola mirando. Pero mi abuelita decía que para que teja fino tenía que coger una lombriz y sobármela en las manos. Secreto de los abuelos. Un día ella trajo una lombriz de la chacra y me llamó, pero no lo hice, tenía miedo. En ese tiempo los abuelos nos exigían que tejamos. “Si no sabes tejer no eres nada porque si algún día te comprometes ‘tu pajita te lo hace bueno’” me decía, o sea ialgda jer no sos nada la paja, para que puedas ser el sustento de tu familia. aba quedado seleccionada en el que si el marido salía malo vendías tus sombreros y ya tenías tu dinero para comer.

Usted ahora es conocida por tejer muy fino
Yo he aprendido a tejer fino, fino, finísimo. Tejo como la hebra de un hilo, por eso siempre ocupaba los primeros lugares cuando participaba en concursos de sombreros.

¿Los concursos los ganaba en el colegio?

Estudié en el colegio Genaro Martínez Silva - 14043. Pero sólo la Primaria. Cuando inicié Secundaria me di cuenta que no me gustaba estudiar, sólo quería tejer, hacer sombreros pero con la paja fina. Abandoné mis estudios y empecé a hacer sombreros hasta cuando tenía 16 años. Mi mamá me llevaba a vender al Percal.

Se casó, pero se separó del papá de sus hijas.
Me comprometí a los 18 años con un músico. El toca teclado, estudiaba música en Bellas Artes, pero él no me dejaba tejer, me quitaba la paja que mi mamá me compraba. Me decía que su familia no hace eso. Un día me enfermé, pero no por el tejido, sino porque estaba esperando gemelas, pero yo no sabía. Él pensó que me enfermé por el tejido.

Le empezó a pegar
Era muy malo, me pegaba, me encerraba, no me dejaba comunicarme con mi papá, con mi mamá, con nadie (llora). Me llevó a una chacra un mes entero, hasta que un día me escapé. Unas primas y tías me ayudaron. Mis hijitas tenían 6 meses y me vine a casa de mi mamá, sentamos la denuncia y me separé. Mi mamá me ayudó a criar a mis hijas.

¿Cuánto tiempo dejó de tejer?
Dejé de tejer desde los 18 que me casé y volví a trabajar a los 21 años. Una vez un Comedor Popular me invitó para participar en un concurso que lo organizaba la Municipalidad de Catacaos y gané. Entonces, la Municipalidad al ver la calidad de mis sombreros me empezó a hacer pedidos y me pagaban 40, 50 soles que era un ‘platal’ de dinero.

Fue su primer paso al éxito…
Después de eso me conoció el señor Ricardo Arcadi, de (la Asociación de) los Caballos de Paso. Él andaba buscando la mejor tejedora y le dijeron que yo era. Me dijo que quería un sombrero lo más finito posible. Me pedía hasta dos sombreros por semana y me pagaba 50 soles por cada uno. Con ese dinero volvía a comprar material y me servía para mantener a mis dos niñas. Cuando ya no me pedía, me iba a vender al Percal y nos reuníamos con otras tejedoras.

SOMBREROS SALVADORES

Ahí fundó la Asociación de Artesanas del Caserío de Pedregal Grande
Sí. La asociación se fundó el 18 de setiembre de 1997, gracias a la ONG Asociación y Desarrollo que nos apoyó.

Ahora ustedes están exportando a EEUU
Al principio nos daba vergüenza ir a tocar puertas, decíamos que mejor era vender por Catacaos, en ferias, porque no sabíamos si la gente cumplirá con pagar. Pero en el año 2006 y 2007 exportamos a EEUU. Ahora vendemos a través de empresas de Lima, ellos hacen la tramitación y reparten los sombreros en 4 tiendas grandes en EEUU. Las primeras ventas si fueron muy buenas, nos pidieron de mil, 2 mil sombreros. Trabajamos 300 mujeres de Pedregal Grande. Luego hubo un desastre natural en Texas y las ventas bajaron.

¿Le fue fácil despachar?
Cuando recibí el primer pedido no fue fácil. No tenía experiencia, porque una cosa es vender 20, 30 sombreros, pero otra cosa es vender miles. Me daba miedo porque yo nunca había manejado tantos dólares. Ahora hago contactos en los eventos que presenta el MINCETUR en Lima como Perú Moda. Tengo apoyo del Grupo Romero.

LA FRASE
“Mi hija Julissa ha ingresado a Derecho a la universidad y la otra está preparándose. Yo les digo que primero estudien y si quieren trabajar conmigo, pues las apoyo”.

LA FICHA
Nombre: María Martha Sosa Villegas
Edad: 39
Cargo: Fundadora de la Asociación de Artesanas de Pedregal Grande.
Hijos: “Tengo gemelas que son mis amores, Leydi Giuliana y Julissa Liliana”.

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